Tras mucho pensar, ya sé lo que quiero para Navidad: un trípode galáctico como el de la película War of the Worlds

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Si todavía no has visto War of the Worlds entonces jódete: ya empezaste a leer este artículo, y ahora tienes que terminarlo.

Como decía: quisiera poder tener uno para salir a la calle con él, y hacer lo que quiera… incluso me lo llevaría a mi universidad. En vez de subir las escaleras a través del módulo, lo único que haría es ajustar las patas a la altura de la ventana de mi salón, y entraría directamente desde ahí, justo antes de colocarle candado a la puerta del aparato, para que nadie me lo robe.

Pero por sobre todas las cosas, me encantaría jugar con la gente mientras estoy montado en él, me pondría a destrozar la casa de todos mis amigos, acabaría con todas las fábricas, las oficinas, las escuelas… agarraría dos auto buses llenos de gente y pondría uno de cabeza sobre el otro, para aplastarlo con los tentáculos y hacer un “sandwich”. Golpearía a los autos nada más por el capót, para que salieran catapultados hacia adelante dando giros con el conductor adentro.

Luego, jugaría al avioncito con las camionetas y los autos largos, haciendo sonidos especiales a través de un altavoz, hasta el momento irremisible e inevitable en el que, desde luego, haga que se estrellen contra el pavimento.

Tumbaría varios edificios y cogería los escombros para hacer barricadas en ciertas zonas de la ciudad para que la gente no pueda escaparse de mí. Cuando los acorrale, inventaría formas geniales de matarlos… no usaría mi láser a menos que fuese estrictamente necesario.

Cogería el tren de la vía subterránea y lo levantaría por completo del carril, para usarlo como un látigo.

Tocaría la corneta cada mañana, justo antes de aparecer en la ciudad, para aterrorizarlos psicológicamente, justo como en la película.

No me daría por satisfecho hasta que la gente me observe así:

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Pasaría notificaciones a las cadenas de televisión, obligándolos a hacer un sorteo en vivo de veinte personas que morirán al día siguiente (eso claro, si los demás quieren salvarse), y les haría colocarlos en un lugar especial de la ciudad para el Sacrificio, en donde absolutamente todos deberán asistir con cuatro horas de anticipación a mi llegada, a las diez de la mañana.

Claro, el límite real no será de 20, sino de 21, pero esa será una sorpresa, la escogeré yo de entre la multitud.

Al final, me proclamaría Emperador, y tendría a mi servicio 50 mujeres escogidas por mí (hasta el momento que me parezca oportuno aumentar la cifra), sólo una de ellas será lo suficientemente afortunada para subirse conmigo al trípode, y verme hacer el apocalipsis mientras está sentada sobre mis piernas haciendo el amor.

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A mis amigos los invitaría a subirse sobre la cabeza del trípode de vez en cuando, y les daría un paseo por la ciudad. Al cabo de varios años, cuando sepa usarlo perfectamente bien, lo suficiente como para hacer piruetas, saltos triples, y otras cosas geniales, organizaría eventos en el estadio en los que deberá asistir TODO el mundo para verme.

No puedo esperar a que sea Navidad…