Si a mí me hubieran preguntado hace dos semanas quién era el lector con más huevos, con más hombría, más machedumbre pudenda, rancia y con callos, quién es el más legionario de todos los que se conectan a esta página, el más cavernícola, no habría tenido una respuesta, hasta ahora:

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Esto fue lo que le hizo Markos Cruz Bustamante al carro de sus padres después de leer “¿Eres hombre? Demuéstralo yendo a 180 por hora”. ¿Y quieres saber qué fue lo mejor? No le pasó absolutamente nada, salió ileso.

Seguro que si lo mismo le hubiera sucedido a cualquiera de ustedes otra fuera la historia. Como sé que les encanta llamar la atención, seguro se hubieran roto el cráneo, los brazos las piernas o, por puro show, terminar de hacer el teatrito y morirse. Él no. Él salió por la ventana y lo primero que hizo fue buscar otro vehículo para llegar a casa de su novia (una de las tres que tiene), no sin antes voltear de vuelta el carro y sacarlo de la vía como todo un caballero.

 

HELLOMOTO

Cuando me envió su correo electrónico tuve que ponerme unos lentes encima de los lentes para que no me picara la retina. Sus letras transmiten demasiado poder y radiación para el iris, así que voy a colocarlo con un filtro para que todos puedan leerlo:

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A partir de hoy, Markos tiene un puesto de honor en esta página. Quizá haya que comentar que no estaba yendo realmente a 180 kilómetros por hora sino que tenía sueño, que no era el auto de sus padres sino el suyo, y que no estaba visitando a una de sus tres novias sino posiblemente regresando a casa del trabajo. ¿Y qué? Todas las grandes leyendas están basadas sobre una que otra mentira para enaltecer sus logros. Simón Bolívar medía menos de un metro setenta y era putañero.

 

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Si tus padres te regalan un carro con ese color de mierda, es tu deber hacerle esto

Qué hijo de puta. Me recuerda al Pilotwings de Super Nintendo; cuando terminabas el juego pasabas en medio de una fila de personas, muchas de las cuales habían sido tus entrenadores durante el juego. Al final estaba el capitán del comando, el más severo de todos, quien te veía llorando con orgullo mientras te ponía una medalla. Me gustaría hacer reuniones así aquí en Buenos Aires. Entregaría una medalla y el cuero cabelludo de un fiscal de tránsito cosido sobre una pelota de ping pong para que quede como un muppet de la buena suerte que se pueda guindar en el espejo retrovisor.

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Cuando tenga suficiente dinero voy a cambiar mi carro actual por un camión con un contenedor lleno de lesbianas. El mataburros van a ser dos cuernos de rinoceronte puestos como los de un toro y voy a mandar a modificarle los faros para que les cambien la forma de modo que parezcan malvados. Va a ser completamente negro y como detalle vulgar va a tener en el techo un sombrerito igual al mío. Es una pena que no siga viviendo en Venezuela porque sé quién me lo hubiera podido diseñar. Era un tipo que tenía un garaje en el barrio y era mi mecánico en el 2003 cuando derroté a McKenzie y me nombraron Shogun de Petare.

De ahora en adelante quiero que te olvides de los ídolos falsos y pongas los pies sobre la Tierra; Luke Skywalker no existe, la Estrella de la Muerte es irreal y La Fuerza es una patraña. Sólo estarás tú, a bordo de una nave de cuatro ruedas, y Markos será tu fuerza.