El presidente Hugo Rafael Chávez Frías, conocido por el resto del mundo como la paloma hercúlea de Sudamérica, epíteto que nada tiene que alabar a su poderío físico, sino a su natural capacidad escatológica (el presidente de Venezuela tiene la misma fortaleza física que el abuelo de Dixie Kong) hizo uso otra vez de ese Gatling Gun de decir estupideces que lleva bajo la lengua.

Resulta que quiere abrir un blog. De hecho, nada de abrirlo; haciendo gala de los peores defectos del venezolano, “quiere que se lo abran”.

Las razones sobran; habla de batallas napoleónicas en la red, y de acabar con la oleada de desprestigio -y desestabilización- que millones de personas están llevando a cabo a través de este medio. Un niño argentino que se burle de él en un fotolog podría ser, en cualquier “Aló Presidente”, un desestabilizador escrito y firmado por los mandriles del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional).

Verán, uno de los tornillos más torcidos en la licuadora patológica de Chávez, es que es demasiado cobarde y, ¿por qué no? Infantil. Él no es capaz de asumir su barranco; ni se le cruza decir “la oleada de desprestigio que llevan en MI contra” ni mucho menos “el problema que tienen con MI persona”. Y es que por más que muchas de las críticas sean enteramente sobre su manera de ser, su poco autocontrol, su verborragia y su carácter menstrual, lo suyo es “la oleada de desprestigio que llevan contra Venezuela” y, últimamente, “contra toda Sudamérica”.

Yo creo que a sólo cuatro meses de esta nueva década, los infelices que sigan creyendo en él estarán de acuerdo en que, cada vez que él dice “yo”, lo hace hablando por todos (lo quieran o no). Diecisiete millones ochocientos dicinueve mil cien kilómetros apenas contienen su insufrible arrogancia de matón bananero. Tiene complejo de Legión, el huevoncete.

Es como un puberto gilipollas en Youtube que usa el loquendo para subir críticas imitando los videos más exitosos. Él quiere traer de vuelta la Guerra Fría. Pero como toda pálida imitación, (desde Fidel reflejado en sí mismo hasta su frankenstinesco “socialismo marxista”) su guerra fría no es otra cosa que una imitación en maqueta, un mugido sudamericano, un hombre ceñudo con las manos férreamente puestas en las cinturas, una boca de veinte metros… y una pija arrugada de 3 centímetros.

Y en un mundo que ya sale de la recesión económica; donde los grandes hablan de dar los primeros pasos para establecer que Internet es un derecho y no un privilegio, Chávez habla de hacer pesquisas para ver “quien habla mal” de su persona en la red. Como si Sarkozy mandara a peinar el www para saber quien escribe porquerías sobre él, o Zapatero mandara a vigilar todos los blogs para ver quien sube chistes que lo victimicen, incluso como si Felipe Calderón, aún con todo lo papanatas que es, dedicara una buena parte de su agenda presidencial o sus horas de descanso a meterse en un chat a pelear con la gente.

¿Será Chávez tan petardo como para abrirse una cuenta en un foro, opinar a favor de sí e insultar a un ama de casa que pasa su tiempo libre navegando en Internet? Dado su carácter, es bastante posible…

Me da un gusto inmenso ver que muchos de los que antes le aclamaban, hoy han dado dos pasos para atrás. En especial, intelectuales. Yo tenía un amigo catalán llamado Albert. Lo quería un montón. El sujeto más brillante que he conocido en mi vida. Era comunista, pero mí no me importó jamás que lo fuera. De hecho, yo lo vi hacerse ultra izquierdista gradualmente. Un día me pasó una foto de sus “camaradas”. Al principio creí que estaba siendo prejuicioso, porque me pareció que todos tenían cara de mierda…

Hoy, que hago memoria y reflexiono, me doy cuenta de que no es que tuvieran cara de mierda, sino de rabia. Era un algo implícito en sus miradas, y lo vería muchas veces más adelante; rabiosos como mi profesor Omar de la Universidad, chavista, que se hizo maestro porque lo maltrataron de niño. Rabioso como Porfirio Torres, que cuando le preguntaron por qué era chavista contestó “porque cuando era joven vi como a mi papá le quitaban su casa”, rabioso como ese otro profesor chavista que pasó sin pena ni gloria por mi carrera, y una vez ironizó sobre lo antidemocrático que era que en Estados Unidos, Bush “escogiera a jueces recomendados por la influencia del partido republicano” justo antes de ser hecho bosta por mi pana metalero, Antonio, que replicó, casi en una escena heróica “¿acaso Chávez no escoge a dedo a los jueces de la Corte Suprema de Justicia y del Centro Nacional Electoral? (El tipo de anécdotas que, por cierto, a los chavistas les fascinaría tener para sí mismos).

En la vida, fortalece mucho tomar una mala experiencia y hacer de ella algo positivo, pero otra es actuar por resentimiento. Todas las personas mencionadas arriba, así como muchos chavistas (desgraciadamente varios en el gobierno) actúan por resentimiento. Y el resentimiento embrutece. Embrutece tanto que inclusive no se dan cuenta de las estupideces que dicen, ni de lo mucho que se puede aprender sobre sus verdaderas caras cuando lo hacen. A un resentido se le puede leer como a un libro abierto.

Sin embargo, lo peor de un resentido, de lejos, es que acaban haciendo exactamente lo mismo que critican…

Albert, amigo mío… ¿dónde estás hoy? Tú nunca fuiste resentido, sino un soñador empedernido. ¿Sigues pensando que Chávez es bueno? Me encantaría mandarte unas fotitos de su hija delante del castillo de Disney, o de su sobrino, un pelado que se tomó fotos en el Gran Cañón con una camiseta de los Yankees de Nueva York (y cuando hablo del Gran Cañón, Albert, puedes estar seguro que no me refiero a ninguna autopista caraqueña, a diez años de gobierno chavista), o de diputados revolucionarios haciendo “shopping” en Las Vegas. Me gustaría, además, enseñarte fotos de cómo están las barriadas hoy en Venezuela, de cuántos nuevos ranchitos se han construido en los últimos 10 años en los cerros, del horrible aspecto que tiene Caracas, que debido a los racionamientos de luz, parece una tienda cerrada cuando cae la noche.

¿Vas a admitirlo, Albert? ¿Te acuerdas que hablábamos mucho del Señor de los Anillos? ¿Recuerda que Gandalf dijo una vez que los hombres más inteligentes suelen cometer los errores más grandes? ¿O acaso fue Dumbledore? No me acuerdo. Sí, yo sé, ¡menuda diferencia! Y encima que tú odiabas Harry Potter, pero bien sabes que es de sabios rectificar…

Otra cosa, ¿Chávez no sería el equivalente de Harry Potter, siendo Fidel el Señor de los Anillos? Yo creo que Fidel es también un Harry Potter, y Rusia fue El Señor de los Anillos.

Bueno, míralo así: ¿tú pondrías a Chávez a que fuera presidente de esa nación fantástica que imaginaste una vez, de la que inclusive diseñaste una bandera? Y ¿ves, como te recuerdo con cariño? Incluso te pedí que me pusieras una torre ahí, porque yo tenía mis ilusiones de ser un mago con una capa enorme, tocando el órgano sobre 5000 escalones resguardados por 500 rottweilers…

Y Chávez, a ti te lo digo, porque sé que tarde o temprano vas a acabar en mi blog (y no lo digo por arrogancia, lo digo precisamente porque sé lo bobo que eres), te voy a ir a trolear.

No, Chávez, no seas pato: no estoy diciendo que te voy a matar, que voy a desestabilizar esa junta de condominio barata que llamas gobierno ni que te voy a tirar un golpe de estado, aprende; te voy a trolear. O sea, voy a ir a ladillarte por Internet. Es más, te voy a mandar un hatemail.

Mándame a tus asalariados de Noticiero Digital (no Chávez, no seas pajúo, no lo niegues, no niegues que gastas dinero de los contribuyentes contratando gente que vaya a los foros de Internet a defenderte), diles que vengan al Diario de Dross pa’ que vean lo que es plomo sabroso.

No, Chávez, no seas gay, no estoy diciendo que los voy a matar, ni que les voy a poner una bomba en la camioneta Hummer que se compraron todos los nuevos ricos de tu gobierno, como le hicieron a Danilo Anderson en su “modesta” SUV de 90 millones de bolívares. (El de la bomba, creo, fue otro de los atentados de Marciano, tu escritor favorito), estoy diciendo que en este blog sí los vamos a hacer quedar mal y los vamos a hacer salir con la cola entre las patas, no como esos gallos bobos de Noticiero Digital que les siguen el juego a cada rato…

Es más, Chávez, escríbeme, pa’ que veas lo que es bueno. No, Chávez, no seas homosexual, no estoy amenazando con violarte, sólo te estoy diciendo que te voy a cerrar esa jeta de hipopótamo que tienes, como muchos presidentes de la región querrían hacerlo, pero no pueden, porque a diferencia tuya, entienden que hay que conservar la clase y la majestad presidencial, especialmente en público… (uno que otro de esos presidentes, por cierto, tienen más capacidad comunicacional, más prosa y saben insultar muchísimo mejor que tú), ¿cuántas veces van que Alan García te deja callado? ¿No te cagas en el día que se te ocurrió meterte con él? Y encima si te agacharas un poquito le llegarías a la bragueta del pantalón. Con él, la vida te hizo dos metáforas de un solo tiro.

No Chávez, no seas maricón, no, quítate Chávez, no te voy a dar un besito, coño Chávez, asco, no, no, Chávez yo tengo novia, Chávez no! Chávez, respeta… ¡GORDAAAA! Chávez no te me montes, que bolas Chávez… CHÁVEEEEEZ.