Una de las cosas que más me molestaban en la universidad eran los “cabeza de futbolito”; dícese de la gente que por lo general porta mirada mongoloide, son más lentos que un río de mierda, tienen el dudoso mérito de ser los más lerdos entre un salón de cien personas y, desde luego, no son capaces de hablarte sobre ninguna otra cosa que no sea fútbol, fútbol, fútbol.

Y no es que el anterior párrafo termine en una cacofonía múltiple, es sólo un electrocardiograma literario de ese idiota exasperante que a menudo nos fastidia y sorprende a la vez demostrando cómo que se puede banalizar una vida dedicándosela a un deporte de mierda.

Claro, de vez en cuando pueden hacer un esfuerzo muy agotador y charlar sobre otro tema, (semejante desintoxicación los acalora, requiere un esfuerzo inusual). Pero finalmente, vencido por la tentación, no pasará mucho antes de que el hijo de puta vuelva al único tópico sobre el que ha desarrollado un imperio de conocimientos y cultura general en su vida.

Vienen en pequeños grupos de cuatro o cinco, como zombis ávidos de alimentarse entre lengua y paladar con el pene platónico de algún jugador famoso por el que, por supuesto, darían sin miramientos no sólo el culo propio, sino el de la madre y el padre.

¿Honor? ¿Orgullo? ¿Qué honor ni qué orgullo? Para ellos la vida se define en dos eventos importantes: nacer y ver a X huevón metiendo un gol.

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El orden el capital no altera el producto

Todas las mujeres de los hinchas tienen, a juro, que ser putas veteranas, ¿que putas veteranas? Putas generalas y almirantas, y lo que es peor; putas conformistas, porque no se entendería cómo tienen las entrañas de estar con un tipo del que no pueden estar seguras que cuando hace el amor cierra los ojos para imaginarse no que está con otra mujer, sino con Ronaldo.

Es en serio: no entiendo qué fémina puede tener una ambición tan baja y una planificación familiar así de pobre como para aceptar a machos con tan poco prospecto.

Un vibrador de goma supondría mayor emoción, pues el hincha se ahorra la adrenalina para gastarla cuando está entre otros hombres.

Lo peor es cuando tienen hijos, porque yo me imagino que un adicto real al fútbol tiene la cabeza tan llena de mierda que lo que quiere es que el muchacho tenga ya quince años no para ver en qué hombre se va a convertir, sino para llevarlo a un partido de fútbol y darle el momento más “profundo” de su vida entre gritos histéricos, abracitos de marico-triste entre derrotas sin medir el sentido del ridículo, y mariconería desatada ante victorias.

De hecho, no me extrañaría que por no poderse aguantar, lleve al bebé a la cancha para acariciarle la picha a Messi, así como en España quieren que el nene le toque uno de los cuernos al toro.

Me da lástima, porque ese nunca será un sujeto que crezca pensando que su papá es el mejor hombre del mundo, el más fuerte ni el más noble; desde la más tierna infancia el mismo huevón redoblado le van a enseñar que el ejemplo a seguir es Maradona.

Hecho ineludible:SÓLO HAY ALGUIEN QUE ODIA A UN CABEZA DE FUTBOLITO MÁS QUE YO: LAS ESTRELLAS DE FÚTBOL

 

El último año antes de terminar mi carrera de comunicación social, vi a varias personas así en el salón… y encima querían ser periodistas de la rama deportiva (el equivalente a los conserjes del periodismo).

Se saben el nombre de absolutamente todos los jugadores de cada país importante, y debaten sus estrategias como si supieran más de la cuestión que un entrenador. Para ellos el sentido de la vida no es como el tuyo; terminar tus estudios para ver hasta donde eres capaz de llegar, ni como el mío; terminar mi libro y publicarlo. Para ellos la nota es comerse las uñas y esperar al miércoles para ver “el partido”.

Si eres fanático, hincha, o cabeza de futbolito, te explico: das asco, si vieras a tu estrella haciéndose una paja en el medio de la calle tú serías el primero que empujaría a la señora para ir corriendo y saltar a sus pies abriendo la boca y sacando la lengua. Eres desechable, eres mierda.

Si algún día tienes un trámite importante y se hace un infierno porque las instituciones de tu país son bazofia entonces no te quejes, porque eso quiere decir que están llenas de gente como tú.

Seguro no te sabes el nombre de ese legendario bisabuelo que llegó sin un céntimo al país y construyó todo lo que hoy es ese clan de mierda en el que se transformó tu familia, pero sí idolatras a sujetos a los que no les quita el sueño que te peguen un tiro al salir del estadio.

De hecho: seguramente los jugadores lo desean, para que luego no vayas a las gradas a molestar otra vez.

Hecho ineludible 2
SÓLO HAY ALGO PEOR QUE UN FANÁTICO DEL FÚTBOL; UNA FANÁTICA DEL FÚTBOL. CUANDO LE HACES EL AMOR A UNA MUJER ASÍ LA PIJA TE SALE MANCHADA COMO EL PAPEL EN EL QUE ENVUELVEN LAS EMPANADAS EN LA CALLE

Lo peor es cuando te presentan a una persona que da por sentado que a ti también te gusta el fútbol.

Y que además te habla con esa propiedad jactanciosa, como asumiendo que tú no tienes derecho a enfocar tu tiempo libre en otra cosa. Cuidado si no ve “con buenos ojos” que le digas educadamente que no te interesa el tema.

Su vida es como una de esas propagandas insufribles del cine que muestra a un grupo de amigos tomando bacardí en una mesa, gritando como monos aulladores.

Sonríen cuando miran alguna cuña que tenga a un jugador de fútbol promocionando una afeitadora o una tarjeta de crédito, espectáculo digno de un circo de enanos porque la mayoría de las veces, de pie ante la cámara, el pobre brasileño no sólo no sabe dónde está parado, sino que encima es casi seguro que no tiene idea de qué demonios está promocionando.

Pero la verdad es que el cociente intelectual del público al que va dirigida la cuña no requiere esas explicaciones. El millonario anglosajón lo que quiere es que el “mexicano” apriete el culo y le promocione los zapatos (porque para ellos todos los jugadores sudamericanos son de México, y encima los infelices lo expresan como si fuera un insulto).

Estás al fondo de la pirámide. Eres un mal en el mundo, porque posiblemente tú hasta hoy hayas creído que no le hacías daño a nadie, pero lo cierto es que jodes con tu simplonería.

Desde un punto de vista alterno, supongo que sólo podría haber algo peor que estar encerrado en una celda el resto de mi vida: estar encerrado contigo. ¿De qué coño voy a hablar con una persona como tú?

Y lo que me preocupa más: ¿cuántos hijos piensas tener?

¿Qué cara van a poner cuando acudan a ti con el libro de la escuela haciéndote una pregunta básica de cultura general y no les sepas responder porque toda tu vida has sido una plasta que no sabe un carajo de nada? Cuidado si encima no te indigna que en los colegios de sudamérica no enseñen fútbol como materia, asqueroso pedazo de mierda puto maldito desgraciado imbécil.

¿No te asusta que crezcan así como tú? Esa pregunta sólo sería válida si de verdad los amaras.

La solución no es rectificar, ni que le pongas un rumbo a tu vida: la solución es que te pegues un tiro en la cabeza, pero bien lejos para que no salpiques de mierda.

Hecho ineludible 3
SUPONGAMOS QUE TU HIJITO, QUE LE GUSTABA MUCHO EL FÚTBOL, FALLECIÓ. ¿PUSISTE UN BALÓN SOBRE SU TUMBA? OJALÁ CUANDO LLEGUE AL CIELO EN VEZ DE DARLE SUS ALITAS LO PATEEN.

Espero que el Mundial se suspenda, o que en su defecto lo gane Vietnam. Mientras tanto, una serie de consejos: no asumas que a todos les tiene que gustar el fútbol como a ti, no asumas que me tiene que importar una mierda lo que pase con la selección nacional, y si tanto te importan las piernas o los tobillos de fulano o mengano entonces dale un hijo y no jodas a los demás.