¿Eres lo suficientemente hombre como para matarme? ¿Eres una mujer con sus ovarios contados y el clítoris bien colocado? ¿Crees que puedes con el trabajo? Entonces este mensaje va contigo.

Si algún día llego a quedar vegetal, quiero que violen el cordón de seguridad de la clínica, le pateen el culo a los veinticinco guardias que algún judío de mierda que me usará de masturbadero colocará alrededor de mi cuarto, que asesinen de foma horrible a todos y cada uno de los miembros de mi familia que intenten interponerse, y que finalmente me maten.

Y dado que soy un desgraciado hijo de puta maldito más duro que una tuerca de batería, es mejor que me cortes la cabeza y me saques el corazón con un machete de plata, sólo para que estés seguro.

De lo contrario, puedo jurarte que voy a dedicar los siguientes años en convertirme en un estado de consciencia omnipresente que se dedicará a hacer que a todo aquel que me pase cerca explote en un festival de bilis y mierda que riegue las paredes.

Ahora bien: todo esto viene a que hace poco vi en el noticiero de ANTENA 3 que desconectaron a una mujer que estuvo más de siete años inmóvil, respetando, así, su propia voluntad de no querer vivir nunca en ese estado, lo cual dejó ella misma bien claro todos y cada uno de los días de su vida que permaneció en ese estado.

Si se tardaran 7 años en desconectarme, juro por Dios que mi espíritu va a acosar por el resto de su vida al responsable por ello, siendo una de mis actividades principales cagar sobre la cuna donde duermen sus hijos.

¿Cómo es posible que alguien, por más que el insufrible dogma católico lo gobierne, quiera mantener con vida a otro ser humano que no puede valerse por sí mismo en nada? Y lo que es peor: no es que sólo no pueda moverse, oír, ver, ni hablar, sino que además, puede que el sujeto en cuestión siga estando consciente, es decir: que pueda pensar, hallándose atrapado dentro de su mente, aumentando así su sufrimiento hasta límites insospechados. En el caso de la mujer arriba citada, ella no estaba atrapada dentro de su propia cabeza, por lo menos podía hablar, pero eso sin dudas no lo hace mucho mejor ¿o sí?

Dejando a un lado tu anhelada fiestica cervecera del viernes por la noche o tus cd’s de Shakira que tanto abarcan tu capacidad de meditar, dejándote absente de estos temas mundanos, ¿tienes idea de lo horrible sería si eso te llegara a suceder a ti, estúpido y superfluo masticahuevos?

Es injusto, y no puedo hacer otra cosa más que pensar que la gente que no desea desconectar a otro en ese estado lo hace porque en su oculto sadismo desea tener en su poder un muñeco de carne y hueso. Es más: yo creo que las madres que se empeñan en mantener a sus hijos vivos en estado vegetal es porque son unas puercas que les gusta hacer striptease delante de él. No hay otra explicación.

El amor no se trata sobre qué tanto quieres a alguien, porque el techo del cielo tiene un límite y llega un momento en que todo depende de si eres capaz de dejar ir a una persona que finalmente tiene que irse.

Lo peor es que lo que estamos viendo es la última reminiscencia de testarudez e imbecilidad supina por el que las religiones se han hecho odiar tanto, metiéndose en la vida de la gente, lo quieran éstas o no: en un mundo futuro, con una sociedad civilizada y (valga la cacofonía) digna de dicho futuro, la eutanasia debe ser una opción perfectamente legal. Es inevitable. Y eso haciendo a un lado las ridículas excepciones de 5 centavos que se inventan los cretinos que, para hacer la contra, señalan que qué hay de esas personas que supuestamente se van a querer matar porque tienen la uña del pie encarnada, quitando así tiempo para hacer un debate de altura.

Una persona que está en estado vegetal sólo tiene tres propósitos posibles en la vida: de cenicero, para que otros puedan burlarse de él, y como carga familiar.

De hecho, como si hiciera falta otra ironía más para demostrar lo poco que vale la Fe religiosa en la mayoría de las personas, amarrar a un ser humano a este mundo de una forma tan visceral sólo denota la poca fe que se tiene hacia la existencia de otra vida en el Más Allá.

Así que prefieren quedarse al lado de una máquina de mear y cagar hasta que ésta finalmente colapse, ora porque su precaria salud ya no pueda más, ora porque un doctor o un alguien compasivo se decida a asfixiar al vegetal con la almohada, poniendo fin al asunto…

Y mientras tanto, lo mejor que los allegados van a poder esperar de la víctima es que un día tenga un reflejo fisiológico y amanezca con el pene erecto o, en su defecto, con las sábanas meadas.

Lo único que esperaría de sufrir un destino así, es que me quede la suficiente fuerza como para tensar el ano y dispararles proyectiles de mierda a la gente como forma de protesta. Y es que al fin y al cabo, si no me van a desconectar por las buenas, entonces que lo hagan por las malas.