Pensar es crecer.

Muchas veces yo me desestimé sin gastar un segundo esfuerzo en la siguiente idea; ¿por qué todas las personas que me insultan son tan estúpidas? En vez de resolver esa hipótesis me dije “no seas tan arrogante”.

Pero lo he pensado tantas veces que el compás de ideas no puede irse a trazar en paz a otro lado. ¿Soy arrogante en verdad? ¿O es que hay un patrón sólido en el hecho de que todos los que me han escrito insultándome carecen de inteligencia, buena ortografía, un nivel de redacción decente y algo de imaginación?

¿Por qué todas las personas que me insultan en la caja de comentarios son incapaces de hacer un chiste bueno? ¿Por qué en vez de parecer paladines de la lengua o intentar pretenderlo, son orcos que no pueden conjugar otra cosa que un par de líneas en mi mismo estilo literario pero en versión “mal gusto” y semi-iletrada? ¿Por qué no pueden decirme algo que no esté copiado de otra página o de un libro de chistes de Pepe Muleiro? ¿Por qué no pueden insultar con otra cosa que no sea algo que escribí yo antes? Es en serio; más de una vez hubo gente que trató de insultarme con frases que he escrito yo, y lo peor es que lo hicieron sin acordarse que la frase es mía. Esa debería ser la cereza sobre el pastel de la pedorrez.

Y partiendo de la teoría de que a mí nunca me gustó Chávez porque sus discursos no me decían nada, y me parecía que estaban dirigidos a gente con paupérrima preparación y poca escuela exactamente de la misma manera que los libros de Crepúsculo están dirigidos a gente como la protagonista de Legalmente Rubia, ¿qué me puede decir a mí un sujeto así? ¿Qué tengo yo que aprender de un pendejito en un duelo de palabras? ¿Hacerlo mierda en dos líneas para que él contraataque creyendo que está manteniendo su barco a flote cuando ya es hora de darse por vencido?

Creo que el mayor problema de los idiotas es que no saben que son idiotas. Eso no sólo ocurre en Internet sino en la vida real. De hecho, que tontería; eso pasaba en la vida real mucho antes que en Internet. Internet no es sino una tímida metáfora en el otro lado de la pantalla.

Pero yo y mis queridos “proyectos de troll” no son el problema. En lo absoluto. El problema es cuando en su poca oxigenación mental, recurren a insultos xenofóbicos o racistas y se atacan entre ellos.

Y ese, exactamente ese, es el tema de esta actualización; la prueba de que todas las personas que recurren a insultos xenofóbicos y racistas son brutas, lo mucho que se parecen a los otros xenofóbos y racistas de otras culturas, y lo poco ubicados que están en la cadena alimenticia.

El otro día en Estados Unidos, una mujer fue despedida de su trabajo porque publicó un artículo en facebook insultando a su jefe, que resultó ser negro. Lo llamó de todas las maneras despectivas que hay en el libro. Por si publicar este tipo de cosas en Facebook no fuera lo suficientemente tonto, resulta que el jefe en cuestión estaba agregado a su lista de amigos.

¿La cereza sobre el pastel? Quién lo había agregado en primer lugar fue ella, no él…

Otro ejemplo: hace poco vi a alguien llamando a un uruguayo “sudaca de mierda”. Pensé que ese alguien era español, pero resultó ser del DF México.

Que alguien de México lo llame a uno “sudaca de mierda” es gracioso cuando menos, en especial viendo como muchísimas veces llaman y tratan a los mexicanos en Estados Unidos. Alguien me dijo que algunos se creen superiores porque vienen al norte del país. No sé tú, pero esa me parece la excusa más cagalistrosa y lamebota que puede haber para creerse superior. Oséase; si un mexicano se cree superior por vivir al norte, ¿qué son los neoyorquinos entonces? ¿Dioses? ¿Lores geográficos? Que pobre, pobre, sujeto.

Otro ejemplo: en España, el grueso del nacionalismo (juvenil) que queda aún hoy, viene por parte de algo que no sé si es una subcultura o una tribu urbana; los canis. Si alguien alguna vez ha visto un cani y el poco sentido del ridículo que tienen para hablar, vestirse, escribir y hablar sobre la historia de España (de la que no tienen ni puta idea), cualquier español con un poco de amor a la patria podría llegar a decirles “no aclares, que oscureces”. Usan la palabra “sudaca” muy libremente, y por lo general, su Grecia, su piedra angular, es el niñato del metro de Valencia, un palurdo adolescente que se metió con un anciano.

Venir a dárselas de guapo con un anciano es ser un pedazo de mierda, pero que encima de todo el anciano le haya puesto en su lugar de un manotazo lo hace indigno incluso de la nariz postiza de un payaso. Más no se puede decir. Los canis, además, son aficionados a meterse con mujeres sudamericanas en los trenes subterráneos y aparte de despreciar a los “sudacas”, escuchan reggaetón. Inexplicable, ¿verdad?

Otro ejemplo: en Buenos Aires, Argentina, está nada más ni nada menos que un especimen típico, que abunda: Moisés el Abogado. Musulmán, piel oscura, típico y despreciable chanta cagador porteño que le da injustamente mala reputación a su país, despotricando contra los judíos, los peruanos, los chilenos y los bolivianos. Que lástima que a la gente oscura de piel como Moisés se le llame muchas veces en su propia patria “negro de mierda”. Diría que es un castigo divino si al menos Moisés se diera cuenta de que la mayor obra que ha protagonizado en su vida es la de ser un pobre pelotudo en un aquelarre de ironía.

Para resumir: le envié una muestra de sus epítetos xenófobos y racistas a la directiva de la Universidad de Buenos Aires (carrera de derecho), lugar donde se estaba graduando en aquel entonces. Moisés desapareció (como la buena rata cobarde que es) y más nunca me volvió a escribir… bravo por ti, Moisés. Sin dudas, “sos un groso porteño”, un groso porteño y musulmán que, muy probablemente, tenga actualmente un amo Judío, patriarca de un bufete. No se merecería menos. Yo creo que sí, visto y considerando que Argentina es un país muy kármico.

¿Qué tiene en común esa estúpida indescriptible de Estados Unidos, el asno increíble que es Moisés, el cretino desubicado de México y esos idiotas en España? ¿Hace falta que te diga qué? Tú lo sabes… hemos unido a un anglosajón, a un latino sudamericano, a un latino ibérico y a un musulmán y los hemos rebajado al mismo nivel. De hecho, si todas éstas anécdotas se serializaran, bien podrían haber provenido de un mismo personaje. Razas distintas, cerebros exactamente iguales, enanismo intelectual a la par.

¿La tesis queda clara?

Al final estas personas, que bajo ningún motivo, razón ni circunstancia representan a sus países, son exactamente la misma mierda: uno de piel oscura, otro de piel clara, uno de cabellos negros y otra de fibras doradas.

¿Moraleja? Así como un asesino a sangre fría es lo mismo en Perú y en Rusia, un xenófobo racista es exactamente el mismo huevón idiota sin criterio, cerebro, cultura ni inteligencia aquí y en Timbuctú. Y así como aquel negrito con la camiseta de la esvástica Nazi, y Moisés, el musulmán de piel oscura siendo xenófobo y racista en una ciudad donde hay millones de xenófobos contra los musulmanes y racistas hacia su color de piel, hay que ser no estúpido, sino estupidísimo, bruto y miserable intelectualmente, para ser racista y xenófobo. El sello del villano más tonto de la partida.