ADVERTENCIA, ADVERTENCIA, ADVERTENCIA…
este es uno de mis antiguos artículos de sátira y humor negro. En el que encarno al “Dross personaje” más puro, de huesos negros y de mal gusto. De más está decir que no hay que tomárselo en serio. (no seas boludo).

Hoy, después de salir a la calle al enterarme que mi tienda predilecta de videojuegos tiene el título de PlayStation 2 que tanto he estado buscando, quedé, de casualidad, detrás de un carro que iba aproximadamente a 0.0000000,3 kilómetros por hora, y que me hizo perder aproximadamente CINCO MINUTOS de tiempo, debido a que la persona que iba al volante estaba en el deleite total, despreocupada, viendo detalladamente las rejas y las fachadas de las casas, con los ojos entrecerrados y una expresión estúpida en el rostro.

¿La razón? Era una mujer.

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Los ancianos tienen razón: los tiempos de antaño eran mejores… y eran mejores porque en aquél entonces las mujeres no tenían tantos derechos, ¿cómo es posible que hayamos llegado hasta el punto de permitirles sentarse al volante de un vehículo? ¿Acaso hemos perdido la cabeza?

Recuerdo que cuando era joven una señora me llevaba todos los días al colegio, y siempre se las arreglaba para pasar por encima de todos y cada uno de los huecos que había en el pavimento… era impresionante: no lograba esquivar ni uno… ni aún con 20 metros de anticipación para que su cerebro consiguiera oxigenar la nada complicada ecuación “mover el volante = esquivar hueco = mover el volante de nuevo para estar de vuelta en el canal correcto”. Cada vez que el carro temblaba, y tanto las llantas como los amortiguadores se quejaban al resentir el golpe, ella chistaba, preocupada… y así pasaba cada mañana, los cinco días escolares hábiles de la semana, sin falta. Para ella el “ensayo y error” no existía: era error perpetuo e ininterrumpido. El vehículo saltaba con tal fuerza que uno hubiese podido hacer jugo de zanahoria con pedazos grandes y duros dentro de una licuadora apagada. Llegaba a un extremo en el que, se equivocaba tanto y tantas veces, que cualquier ser humano normal hubiese aparcado el auto en una esquina y se hubiese bajado, para respirar profundo y cuestionar sus múltiples equivocaciones. Por supuesto, ella no lo hacía: es que era mujer.

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¿Para qué dejar morir a tantos guerreros en la Tierra Media? Si en el Señor de los Anillos hubiesen usado una tropa de mujeres con automóviles, liderada por Galarwyn, habrían acabado con todo el ejército enemigo en cuestión de horas. El problema es que luego tendrían que arrojarle flechas incendiadas a los carros y hacerlos explotar… (de otro modo no hubiese habido forma de detenerlas).

Lo peor es que, cuando salen a manejar, muchas de ellas creen que son las únicas personas que están en la calle, y que no hay ningún otro vehículo ni a los lados ni tampoco al frente… el cerebro obtuso y maligno de ellas, de alguna manera, se las arregla para borrarlos de su campo de visión.

Como si eso fuera poco, ellas también recurren con frecuencia al reproductor o radio del vehículo, lo que empeora enormemente las cosas, porque cada vez que una mujer escucha música, sea del tipo que sea (y peor aún, cuando se pone a cantar) su coeficiente intelectual baja aproximadamente 15 puntos. Lo que quiere decir que tenemos un arma letal deambulando las calles de la ciudad… de hecho, no una: millones: tú puedes ser la próxima víctima.

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Estoy pensando hacer mis propias calcomanías prácticas y útiles, para que los amigos, el novio o el esposo de la mujer en cuestión pueda colocarla al lado de la placa del auto o en el vidrio de atrás: aquí está el modelo.

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