Debido a que me entretengo en el gimnasio levantando pesos que oscilan entre los 500 y los 600 kilos, a la vez que la adrenalina del ejercicio me excita cuan macho bernáculo y en consecuencia hace que le pegue y humille a la gente más pequeña que yo, me salió algo que se llama hernia inguinal.

Las hernias inguinales le salen en el abdomen a las personas que realizan esfuerzos muy grandes y no toman las medidas adecuadas. Tras una pequeña investigación, me di cuenta que la única forma de solucionar el problema era operando.

En aquel entonces no quería esperar hasta enero debido a que, fiel a mi naturaleza, quería salirme de ese problema lo antes posible, así que la operación se pautó para el 26 de diciembre, un día después de Navidad.

Total que el día 26, a las ocho de la mañana, llego al hospital y no pasan cinco minutos antes de que alguien me ponga de peor humor del que ya de por sí estoy siempre: la enfermera en jefe me preguntó si tenía a la mano las radiografías y la prueba de sangre reglamentarias antes de cualquier operación.

No recuerdo bien, pero lo único que le contesté fue algo así como “sí, aquí las tengo” y acto seguido le agarré un pezón y se lo retorcí hasta que me dolieran los dedos. La tipa cayó al suelo chillando y pataleando.

Vino el doctor junto a varias enfermeras y se armó un follón, yo desde luego hice valer mi hombría y les dije que si no me operaban los iba a demandar y todo lo demás porque “yo tengo derechos, etc etc etc”. A la final acordaron seguir con la operación bajo la excusa de que yo tenía problemas mentales (no los escuché, pero sé que eso fue lo que dijeron).

Así que después de unos quince minutos de estar esperando, llega otra enfermera y me dice que tengo que ponerme una bata marica de color azul. Además, me pregunta si me afeité los vellos púbicos ya que iban a tener que abrirme bastante cerca del área genital. Yo le contesté que no me afeito porque eso nada más lo hacen las maricas. Así que la tipa tuvo que venir y afeitarme ella misma. Cuando llegó con la afeitadora, los paños y todo lo demás, me pidió que me acostara en la cama pero yo le dije que no: que ella me iba a afeitar parado. Así que se sienta en una silla y cuando me bajo los pantalones y los interiores tengo esta ENORME erección y no puedo evitar empezar a reírme mientras ella, con mala cara, me pone la crema y me empieza a afeitar. Trato de mover las caderas lo más que puedo a ver si puedo pegarle en la cara con el pene… ella era tan estúpida que creía que lo estaba haciendo para no dejarme afeitar y no paraba de repetirme que me quedara quieto porque podía cortarme.

Entonces más tarde llega el doctor viéndome con mala cara mientras revisaba los papeles de mi seguro, me preguntó si yo había ayunado por lo menos durante 12 horas, y yo le contesté que sí (mentira, esa mañana me comí 3 huevos fritos con tocineta). Así que entonces llegan con la camilla, me montan, y me llevan al quirófano.

Una vez ahí, la anestesióloga y un ayudante y me piden que me siente para poder conectar el tubito de la anestesia en mi espalda. Empizan a preguntarme cosas para charlar conmigo y entablar una conversación, pero como hay tipos de Wall Street que le dicen al taxista que no tienen ganas de conversar pues yo tengo todavía más clase y le digo a la anestesióloga y al ayudante que sólo se limiten a hacer su trabajo mientras me pongo a leer la parte de atrás de cualquier frasco de medicamentos que hay por ahí. Me miran con mala cara.

Cuando consideran que estoy lo suficientemente anestesiado me ponen en una camilla especial que parece de dentista, pero con la parte donde van las piernas un poco más abierta. Al estar así y ver cómo el doctor, el ayudante, la anestesióloga y su asistente se ponen frente a mí, no puedo evitar forzar los esfínteres para tirarles un pedo en la cara… pero desgraciadamente no me salió… además, sentía que estaba dormido de la cintura para abajo.

Luego, cuando el tipo agarró el bisturí y supe que había empezado a cortarme, le dije que me estaba doliendo mucho (jajajaja) así que tuvieron que dormirme.

Cuando me desperté de vuelta en la habitación, me dijeron que me habían quitado no una: sino cuatro hernias, que me encontraron a cada lado del abdomen (mentira, sé que me abrieron también del otro lado nada más para hacerme más daño).

Total que me duele bastante y como estoy de completo mal humor aprovecho para joderles un poco más la vida antes de irme: les digo que la sopa de arvejas es una mierda y empiezo a tirar todo lo que encuentro.

Cuando viene el tipo con la silla de ruedas para llevarme hasta el taxi en la entrada, demando que me escolten por lo menos seis enfermeras y el doctor. Me hace ilusión imaginar que una filmadora esté puesta al frente y pongan la imagen en cámara lenta emulando el hero walk y yo en el medio como una especie de Dr. Charles Xavier.

Una vez en la entrada, siento que el enfermero me coloca con brusquedad en el taxi, como si yo fuera un tobo de basura al que echan a un camión.

Debido a que -supuestamente- fueron 4 hernias las que me quitaron, la recuperación fue lenta, y me costó mucho caminar al menos por una semana. Recuerdo que llamé de vuelta a la clínica a ver si me podían traer a la enfermera que me afeitó a la casa para que me ayudara y me hiciera compañía, pero me trancaron el teléfono.

Espero tener que operarme pronto de cualquier otra cosa para ir a la misma clínica otra vez.