Si eres un lector de huesos amarillos esto te recordará a algo. No, no estoy tratando de hacer reminiscencias a tu pasado, sino reminiscencias a mi presente, no sólo porque me pasó una vez ya de grande en Venezuela, no sólo porque sé que me pasará otra vez dentro de poco y no sólo porque sé que voy a vivir flotando en mi propia mierda cuando sea un viejo senil, sino porque me sucedió ayer, otra vez…

¿Pero saben qué? Tengo una vida divertida. Entre los malos ratos, me queda saber que después de todo, tengo una vida divertida.

¿Escenario? Mi cuarto.

¿Lugar del acontecimiento? La cama.

¿Personaje invitado? La gorda.

La gorda se tomó extraordinariamente bien lo que sucedió con la aspiradora. Es una de las razones que me hacen recordar por qué la quiero. Ayer se quedó a dormir en casa. Me estaba torturando con un OVA de Hellsing. Odio el anime. Lo odio. Y la azoté bastante en la espalda cuando pretendió hacer un maratón en mi cuarto. Pero no hubo caso; su lomo es más duro que mi diploma de licenciado en comunicación social.

Así que entre un festival de jazz mierdoso mezclado con rock, escenarios de un zeppelin destrozando a Gran Bretaña (como si un lanzamisiles no pudiera convertir a un zeppelin en una bola de fuego, por más vampiros que tenga) y otras estupideces insufribles de típico sello nipón, yo estaba al lado de ella leyendo una revista de Condorito, mientras la gorda, por su parte, se mojaba cada vez que aparecía Alucard. También se mojó cuando apareció una chica llamada Rip Van Winkle que danza ágilmente por un portaaviones con una escopeta mágica.

“Gorda, basta, no la imites, tú no eres ágil, tú estás gorda”, pero nada de lo que le digo importa; ella salta por toda la habitación. A veces creo que la gorda podría matar a Alucard. Si Alucard es un castillo ambulante, la Gorda es un Taj Mahal de poder erigido sobre cuatro elefantes bíblicos.

Así que cuando coloca el OVA 7 y veo algo así como flashbacks de una impedida mental con artillería ultrapesada en plan Duke Nukem peleando contra una lesbiana con la mitad de la cara desfigurada (pero aún así extrañamente atractiva), la Gorda detiene la tortura audiovisual y va al baño. Cuando veo desaparecer su inmenso trasero tras la puerta, echo un ojo sobre Pepe Cortisona y el borde de la revista; se ha ido, y el terreno está libre.

¿Libre para qué?

Para dejar ir el grito reprimido que eclipsa la primera gran falsedad de los hombres a espaldas de ellas; el pedo.

Pero, como yo soy extremadamente pulcro, y me atormenta el pensamiento de tener que recostar el trasero sobre la misma tela en que dejé caer mis bombarderos B52, deslizo el short suavemente y mis puchis quedan al aire libre. Sale el primer pedo. Es un pedo ninja, un pedo silencioso, un pedo traicionero, un pedo judas, un pedo destinado al Noveno Círculo.

Murphy (el de la ley) es mi copiloto en la vida; eso quiere decir que ni bien la gorda vuelva, se deslizará otra manifestación sobrenatural por mi intestino grueso, y mi puerto de enlace no tiene ganas de seguir fungiendo como semáforo en luz roja por otras dos horas, así que aprieto los esfínteres y hago esfuerzo, esfuerzo, esfuerzo…

Lo que salió no fue un B52, lo que salió fue un contacto del tercer tipo.

Lo gracioso es que sentí no uno largo, sino varios, como cagarrutias de conejo. A eso quedé reducido yo; a un conejo, con una revista de Condorito en su regazo, poniendo Dios sabrá que cara.

En ese momento casi sobrenatural, en el que pienso en todo y en nada, sintiendo mi caldo biológico bailoteando entre mis nalgas y la sábana, y veo a Alucard congelado y sonriendo en la pantalla, escucho que la gorda cierra el lavamanos y apaga la luz del baño.

Ella se desliza afuera en un momento que me pareció eterno, y me mira. Me parece que al principio no entiende lo que está observando, pero cae en cuenta poco a poco, mirándome con una cara que no voy a olvidar nunca. Yo viéndola a ella, ella viéndome a mí…

¿Por qué me pasan estas cosas a mí?

Y en un pensamiento altruista: ¿por qué le pasan a ella? ¿Por qué tiene que vivir ésto? Espero que algún día lo pueda olvidar.