ADVERTENCIA, ADVERTENCIA Y RECONTRA ADVERTENCIA
Echando un vistazo a mis más viejos trabajos, a mis primeros intentos por ser escandalizante y atroz, encuentro que esta es una de las cosas más horrorosas que escribí. Sal de aquí, es demasiado feo. No vas a quedar bien de la cabeza después de esto.
!

El otro día, regresando a mi casa de la universidad, vi una mujer muerta, frente a una parada de taxis.

Se hallaba tirada en el concreto, como si fuese un muñeca que una niña malcriada decidió arrojar por ya no quererla más. Sus cabellos estaban sucios: los humedecía un pequeño charco de agua negra que estaba debajo de ella.

Había gente humilde rodeándola, preguntándose cuándo llegaría la ambulancia… y quién sabe, tal vez los conductores de emergencias decidieron pararse a la mitad del camino para apostar un par de números en la lotería, porque paradójicamente ellos piensan que las víctimas no tienen prioridad.

Mientras tanto, una madre que llevaba a su hija agarrada de la mano con mucha fuerza (tal vez porque imaginaba que la muerta podría tener también una hija que aún no sabía que se había quedado huérfana a mitad de la tarde) examinaba un hilo de saliva blanca que bajaba desde la comisura de su boca abierta. Una persona que parecía saber un poco más que todos los demás dijo que lo más probable es que hubiese sufrido un ataque de epilepsia, y que la señora se habría asfixiado con su propia lengua.

Suena feo, y lo es, pero no es nada que un par de personas con un curso de 3 horas en la Cruz Roja no hubiesen podido arreglar, nada que un par de enfermeros no solucionasen con una sencilla maniobra de dos segundos: aquella mujer se había muerto de algo más insignificante que una gripe.

Y nadie estaba ahí, para ayudarla.

Hay un detalle más, aunque “detalle” no es el término más adecuado para referírsele, pues es una palabra muy pequeña: resulta que ella también estaba embarazada.

Su barriga era voluminosa… ¿cuántos meses de embarazo podría tener? ¿Siete? ¿Tal vez ocho?

Cuando ves algo así, te replanteas todo lo que hasta ese momento has creído o todo lo que dabas por hecho, porque te das cuenta que algo tan importante como la vida significa, en realidad, muy poco.

Así que arrastré a la mujer entre los árboles, le desgarré la falda y tuve sexo brutal con ella hasta que se me hinchó el pene y quedé empapado de sudor, a pesar de su refrescante rigor mortis.

Un señor que andaba por ahí cerca vio lo que estaba haciendo y me pegó en la cabeza con un palo que consiguió en el suelo… me arrastré hasta mi camioneta y conduje lejos.

Esa noche el dolor en la cabeza no me dejó dormir.

drossandfetuses