Estoy confundido.

No se si soy el tipo más genial de Internet por haber recuperado lo que me peternece, o si me atacó el hacker más lerdo, memo, deficiente, idiota (y por si lo anterior escrito fuera poco) con el dominio del inglés más mediocre y no-intencionalmente cómico que he visto en mi vida.

En un acto heróico que podría resumirse en haberme abierto paso entre numerosos obstáculos y patear imperios anales de aquí hasta Saturno y de vuelta, recobré mis dos cuentas de correo: diariodedross@hotmail.com y diariodedross@gmail.com; una la uso para chatear con los lectores de vez en cuando, y la otra –hasta hace una semana– para recibir los correos electrónicos que la gente me envía.

Por lo tanto, ya se le ha dado fin a este problema.

De haber sabido que el hacker iba a ser lo suficientemente estúpido para perder ambas cuentas (después de haberles cambiado las contraseñas, las preguntas secretas, y toda la información reglamentaria) tal vez ni siquiera me hubiese animado a abrir eldiariodedross@gmail.com.

Pero a lo hecho pecho… hoy, el legado de destrucción del sujeto se limita a dejarme con el dolor de cabeza de administrar dos cuentas, dolor que no es tal porque ya he modificado ambas para que los mails me lleguen directo al Outlook Express, que es mucho más seguro.

Sea como sea, siéntanse libres, de ahora en más, de escribirme a ambas (a excepción de la de hotmail, que sólo la uso para chatear), los correos llegarán a un solo lugar.

En cuanto al hidrocefálico protagonista de este artículo, supongo que si existiera una convención anual de expertos en fraudes por Internet y hackers, él no sólo sería el hazmerreír, sino además la muñeca inflable de la fiesta.

Es más, ni siquiera eso: sería el eyaculadero designado. Lo pondrían en el fondo de un barril al que la gente se pueda acercar con confianza a masturbarse encima de él o mearlo o escupirlo o incluso cagarlo después de las 3, cuando los pasapalos y el caviar en mal estado empiecen a hacer efecto. Y todo eso lo tendría que recibir, además, con unas orejas de burro pegadas a la cabeza.

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No creo que sea agradable estar en sus zapatos, sobre todo después de que he recibido casi media docena de correos electrónicos automáticos del servicio de restablecimiento de contraseña de Hotmail y Gmail (lo que quiere decir que ha estado toda la tarde intentando quitármelas otras vez, y por si no hubiera quedado lo suficientemente claro lo huevón de la vida que es, cree o tiene la esperanza de que lo va a lograr usando el mismo truco).

Si ni siquiera fuera un hacker, sino más bien un lamer, un idiota completo que tuvo suerte sacando la pregunta secreta, tendría que sentirse igualmente avergonzado, como se debiera sentir cualquiera con un mínimo de conocimientos que, después de robarse dos cuentas de correo electrónico, y cambiarle todos los datos para asegurarse de que el dueño no se las apañe para recuperarlas, se las quiten de todas formas, y quede como aquél lerdo que inspira a los guionistas de series animadas para crear a esos personajes que son tan estúpidos que no caben en la lógica humana.

Si esto hubiese sido una épica medieval, donde al final el orden queda restaurado y el río vuelve a su cauce, mi victoria sobre él hubiese sido tan magistral que acorde a las leyes de la época hubiese tenido derecho no sólo a las entrepiernas de su novia, sino además entrada libre al interior de todas las féminas de su familia.

Invito al “hacker” a que no me tenga miedo y se me agregue, porque yo ya estoy casi seguro de quien es, pero resulta que el señor, además de bruto, es encima miedoso… testimonio de que hay algunos que andan por la vida cagándola sin respeto por el rostro de su padre.

Me gustaría tener una charla con él sobre el mundo, la estupidez, su futuro, qué tiene pensado hacer en la vida, cómo va a resolver todos sus problemas… y ese tipo de cosas.

De resto, reiterar a todos lo impresionante que soy y lo mucho que soy capaz de joder a cualquier persona y ganar sin importar cuan adversas sean las circunstancias al principio. Soy impresionante.

De hecho, de ahora en más, aparte de Lord Dross, la gente puede permitirse llamarme Dross-Sama, (la expresión de máximo respeto hacia una persona en el vocablo japonés), los adeptos al anime se deben sentir compelidos a admirarme y aceptarme como una fuerza adversa de gran poder, que merece alabanzas y sexo oral en justa y necesaria abundancia.