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: Este califica (junto al artículo de “mis hijos abortados” como una de las cosas más asquerosas y de peor gusto que escribí en toda mi vida. En serio.

Esto ya no es humor negro; es un pedazo de carbón en el fondo del océano. Creo que la versión original apareció en mi web cuando yo tenía de 19 a 22 años y estaba en mi etapa más inmadura y provocadora de Troll. Es acá cuando le di al “Dross” de los huesos negros la connotación más abominable y ruin. Cuando se graduó de villano de la más alta gama.

De más está decir, por supuesto, que no me preocupa que haya gente que no entienda que es una sátira de mal gusto (descerebrados sin sentido común hay en todos lados). Lo que me preocupa es que piensen que mi sentido del humor no se ha vuelto más sutil y de mucha mayor calidad en todos estos años. Aunque pensándolo bien… carambolas: un libro que estoy por publicar, titulado “EL FESTIVAL DE LA BLASFEMIA” tiene casi tanto mal gusto como este artículo. ¡QUIZÁ MÁS! No, de hecho, sí… tiene mucho peor gusto que este artículo. Ay, mamita querida…

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Sé por qué hay personas que aseguran que la realidad puede superar a la ficción.

Lo dicen no por el hecho de que vivamos en un mundo donde pasan las cosas de las películas: bien sabemos que nunca han venido robots del futuro, no existen islas con dinosaurios, y no hay héroes que tienen poderes mutantes gracias a algún accidente radioactivo… en realidad, se refieren a la infinidad de cosas tomadas por los pelos que pueden pasarte en la vida real, en el momento que menos te lo esperas.

Una de esas cosas, que por cierto voy a recordar para toda la vida, me pasó hoy (y no sé cómo explicar lo que siento, ni siquiera aquí, en el mundo de las letras, donde me puedo desenvolver a gusto). Antes de contárselo a nadie, prefiero desahogarme y simplemente ponerlo aquí, a modo de exorcismo. La vida tira jodiendas a menudo, pero no sé cómo digerir que ésto me haya caído a mí, que tengo una página web visitada. No voy a darme ínfulas ni hacer el ridículo, pretendiendo que El Diario es un medio de comunicación masivo siquiera cortado por la mitad, pero de entre tanta gente, me parece que es digno de reflexión que le venga a suceder justamente a alguien que puede denunciarlo.

Por lo tanto, he aquí:

Hace una semana, en la página web de Mercadolibre, puse a la venta un Game Boy Advance en buenas condiciones que habré adquirido hace 3 o 4 años junto con algunos juegos, y que, debido a que no usé mucho y por ello estaba en buenas condiciones, pensé que lo podía poner a la venta a un precio bueno y así conseguir un dinero extra para comprarme más juegos de Xbox 360, al cual le puse el chip recientemente. De este modo podría costearme un puñado de títulos buenos que acaban de salir y que quisiera jugar, como Gears of War, Dead Rising y el nuevo Sonic, ya que son un poco caros porque deben ser grabados en DVD’s de doble capa.

Total que el día de antes de ayer, recibo un mail automático de mercadolibre, indicándome que alguien aceptó comprar el aparato. Cuando abro el link, me llama la atención, por cosas mías, que quien ha realizado la compra tiene nombre femenino. Posteriormente anoto su e-mail y su teléfono celular.

Al cabo de un rato ella me escribe a mi cuenta de correo de hotmail y me da una hora especial para que nos encontráramos durante la mañana de este domingo (19/11) con el fin de hacer efectiva la transacción. Yo, desde luego, aprovecho para escoger un sitio que se adapta bastante a mi conveniencia: mi casa. Le iba a explicar que no me gustaba la idea de andar por ahí con la caja de un Game Boy y recibir dinero delante de todo el mundo, porque no era seguro.

Para hacer las cosas un poco más formales, la llamo a su celular para explicarle lo mismo, y acordar una hora exacta, no sin antes llevarme la sorpresa de que, por la voz, me doy cuenta de que la persona que está del otro lado de la línea es muy, pero muy joven. Me sorprendía que ella estuviera encargándose de la compra de su propio regalo.

Al final, sin embargo, no es ella quien decide dónde será el punto de encuentro, sino su padre, quien desde atrás le escuché decirle “ok” a mi petición de hacer el intercambio en mi casa, por lo que, con ésto en mente, no tuve problemas en pasarle mi dirección.

El domingo procuro levantarme temprano. En algún momento de la mañana, la muchachita llama para confirmar el encuentro. Treinta minutos después, se aparece en la puerta de mi casa con su papá.

Sin exagerar, ella, con su chaleco, sus pantalones, su franela, sus botas y sus pulseras, no podía tener más de 20 años.

Cuando los hago pasar, y le muestro la caja, los juegos, el manual de los mismos y el buen estado en el que están, el señor, que noté yo, no estaba prestando mucha atención a todo lo que yo les estaba diciendo (y menos aún la niña, que se supone era la interesada en el producto que supuestamente iba a comprar), me dijo de improviso que él no cargaba encima el dinero que yo le estaba pidiendo por el Game Boy, pero que su hija podía (y cito) “pagarme de otra manera”.

La verdad, yo no sé cuánto tiempo me le quedé viendo al tipo con mala cara.

Así que fue él quien abrió la boca para preguntarme si simplemente yo estaba de acuerdo o no con lo que me estaba ofreciendo.

Total que para resumir detalles, esa mañana recibí la mejor mamada que me han dado en toda mi vida.

Ahora que estoy logueado en la página web de Mercadolibre ya aproveché para hacer la evaluación obligatoria que siempre piden del cliente:

Dross quiere volver a hacer negocios con esa gente