El otro día me tiré un pedo con pus que me hizo recordar a mis lectores y la necesidad de actualizar la web… tal cosa ocurrió casualmente mientras estaba sentado en un restaurante durante mi visita a Argentina (la cual todavía se prolonga) y escuché algo de la música aborigen del país: la cumbia.

En un principio, yo pensé que era colombiana, pero resulta que el argentino del interior la ha adaptado en una versión propia, bautizando su amalgama musical con el mismo nombre…

El orden de los factores no alteró el producto: botar por la nariz el choripan que me estaba comiendo.

Al momento que los niños pobres de la zona se arrojaron sobre los restos de comida grasosa con moco que quedaron aplastados contra la pared por la inercia, yo ya me había marchado, pensando que, vaya donde vaya, nunca estaré a salvo de la música mierdosa de este continente.

Lo que es peor: me fui con la certeza de que había algo que puede rivalizar perfectamente contra el reguetón, el cual de por sí ya es más ordinario que echarse un pedo con caldo. Mis amigos me advirtieron que aún si tratase de escapar a México, no tardaré en escuchar, con la suerte siniestra que a veces me persigue (casi puedo escuchar el cavernario ayy umm ayyyy de Dios corriéndose del gusto cada vez que hace una de las cosas que más le gusta -de la mano con joder cada año más al mundo-; arrojarme desgracias) algo a lo que llaman “el pasito duranguense”.

Pero yo no aprendo la lección: si bien pensé que no podía haber nada que rivalizara contra el reguetón, me niego a creer que el pasito de México puede siquiera acercarse a la cumbia y al reguetón. Ritmos musicales que te reventarían el hipotálamo a fuerza de sentimiento de vergüenza a menos que tengas tan poco coeficiente intelectual como para que se justifique que se te olvide respirar mientras estás durmiendo y por lo tanto te gusten.

Un análisis objetivo: similitudes comprensivas

CUMBIA
REGUETÓN
ano1
ano2
La escucha el aborigen argentinoLa escucha el aborigen caribeño
Resulta sumamente desagradable para cualquier argentino con culturaResulta sumamente desagradable para las minorías civilizadas
Está ampliamente asociada a la marginalidadEstá ampliamente asociada a la marginalidad
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El cumbiero y el reguetonero tienen tres anos: uno en el trasero, y los otros dos en cada oído.
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A sus bebés no los trae la Cigüeña, sino Manbat.

manbat2

Manbat

El acto de la reproducción de ellos se lleva a cabo preparando un gargajo bien fuerte y pidiéndole a la mujer que abra las piernas

Tienes que venir de un núcleo familiar bastante subdesarrollado para que te guste

 

 

El reguetón es más vulgar que la cumbia (la cual no se queda atrás), pero ésta última contraataca con algo que la hace especialmente irritante: jamás cambia el ritmo.

Jamás.

Hace que la mediocridad del género en sí te irrite.

Todas sus canciones son exactamente iguales: Una percusión repetitiva, que de por sí ya es marca del estilo, y un órgano electrónico bastante cagalistroso. Es como si a la distancia la melodía en sí misma te lo advirtiera: “Cuidado, esto lo escucha gente de mierda”.

Por eso es que yo pienso que en alguna Haya celestial Estados Unidos no va a tener mayores problemas: no es que hayan tenido derecho o no de meterle el pene en la boca a los latinos durante décadas, es que ante un pueblo así, con una cultura tan de mierda, no podía haber otra cosa lógica que hacer. A excepción, claro está, de habernos puesto el pie encima para que no avancemos, pues no había necesidad de ello: este lugar no iría a ningún lado así además de poseer las mayores riquezas del planeta (que las posee) tuvieran ruinas con tecnología extraterrestre.

El aborigen argentino, que gusta de reunirse en grandes grupos y prender algún fuego (no importa si no cocinan nada, sencillamente les gusta prender un fuego), te dan la impresión de que son gente tan zafia que utilizan tocinetas para embalsamar a sus muertos.

Te hace pensar qué saldría de una unión entre una cumbiera y un reguetonero, que se sabe que entre seiscientos mil espermatozoides tienen por lo menos 6 miligramos de ajo.

La cosa ha llegado a tal punto que puedo incluso demostrar matemáticamente que son razas inferiores haciendo una ecuación:

piigualamierda

Ahí está.

Ahora que lo pienso, reparo en que no he hecho honor al título del artículo porque no me he puesto a definir qué es peor entre los dos. Pero creo que sería mejor no hacerlo porque elija a quien elija, ocasionará que mañana me escriba un grupo de gente ofendida diciéndome que no puede haber nada que llegue más lejos que lo que ellos piensan que es peor… es como cuando alguien dice que su país es una mierda y le ofenda otra persona que diga que de hecho el suyo es todavía peor.

Una de las primeras cosas que te enseñan para ser parte de la sociedad y vivir como tal, es saber ponerte en el lugar de los demás.

No es una tontería, ni mucho menos: se trata de un ejercicio mental que ayuda, y mucho, para la vida. No sólo porque nos facilita el poder vernos desde los zapatos de otra persona y analizar si hemos sido malos, tontos, o estúpidos, sino porque nos enseña a ser verdaderamente objetivos, y a veces, incluso, justos.

Su inmensurable utilidad nos ayuda también a resolver problemas, y crímenes incluso.

Pero cuando intentas colocarte en el lugar de una persona que disfruta del reguetón o de la cumbia, vas a sentir, si te pasa como a mí, que un algo nos raya con fuerza el cerebro utilizando un bolígrafo. Que se origina alguna especie de corto circuito, y que nos deja, encima, con las mismas pocas ganas que normalmente tenemos de imaginar como sería ser un mono o un macaco.

Tal vez todo el sentimiento descrito arriba sea sólo otra forma de sentir asco que no sea por la nariz o por la boca, sino por la cabeza.

En definitiva: está claro que ellos tienen derecho a escuchar su cumbia y su reguetón si lo quieren… pero chicos y chicas, recuerden siempre: nunca, jamás, dejemos de hacerles sentir que no los queremos.

nazizizi

Mientras tanto, yo intentaré resolver el problema por otros medios: voy a regresar en el tiempo para enseñarles a los Nazis que la matanza de los judíos es un error fatal, y que la clave está en ir a Puerto Rico y hacer el Holocausto allá. Así a nadie le va a importar, no habrá guerra, y todos salimos ganando.