Yo me acuerdo que cuando tenía a mi novia allá en Venezuela, la hacía blanco de ciertas bromas y ocurrencias. Este artículo es una recopilación de alguno de esos chistes sórdidos y bromas que experimenté con su persona, en espera de que quien lea estas líneas los ponga en práctica con su propia pareja. Aplica también si tú eres la novia y lo que quieres es embromar a tu novio…

1. Echarle agua fría en la ducha

Un día se le olvidó cerrar con llave la puerta del baño. Craso error. Fui a la cocina, cogí agua helada de la nevera, me deslicé dentro del baño, abrí la cortina y se la eché encima. Los gritos que pegó fueron suficientes para que después saliera yo corriendo y saltara sobre la cama, retozando en las sábanas y regocijándome de lo que había hecho…

2. Abrir la puerta del baño mientras está defecando

Ya sea para decir “a veeeeer” o sosteniendo el celular amenazando con tomar una foto, esta es una de las cosas más traumantes que le puedes hacer. Es casi como el efecto que para ti fue ser víctima de tu primer screamer por Internet: no volviste a abrir nunca un link con la misma confianza de antes, y tu novia no volverá a entrar al baño con la sensación de intimidad de siempre. ¿Cómo perder la oportunidad de dejar una huella tan profunda?

Otras variaciones de la misma broma (que son especialmente irritantes cuando no es la primera vez que uno aflige a su pareja con el mismo truco) es volver a abrir la puerta preguntando “qué haceeeeeees?” o entreabrir la puerta y espiar descaradamente.

Por supuesto, esta inocentada es como un tesoro, porque se puede hacer pocas veces, o un par cuando mucho, porque luego se va a acordar que tiene que cerrar la puerta con llave. Lo que nos lleva a las siguientes alternativas…

3. Vitorear, aplaudir, o gritar “danger, danger” (como si estuvieras en un submarino hundiéndose) cada vez que la oigas tirarse un pedo

Muchas veces yo me quedaba detrás de la puerta del baño en espera de la señal, de ese sonido triunfante. Cuando llegaba, hacía cualquiera de las cosas arriba sugeridas, lo que conllevaba al placer inmediato: su grito de desesperación.

4. Imitar la voz de Chucky mientras está durmiendo

Durante esas veces que nos quedábamos a dormir juntos, yo hacía un esfuerzo enorme para quedarme despierto…

Cuando se dormía, me acercaba delicadamente a su oído y la llamaba por su nombre con voz lúgubre. En más de una ocasión se dio vuelta, se semi-despertó (yo rápidamente fingía estar dormido) o a veces conseguía el premio mayor: inducirle una pesadilla.

5. Tirarme un pedo en público y echarle la culpa a ella

Una de las cosas que solía hacer cada vez que podía, ora de paseo en el Sambil, ora caminando por el San Ignacio, era aguantar un pedo todo el tiempo que pudiera (a veces manejando desde la Cota Mil) para dejarlo salir con fuerza en lo que pasáramos por la parte más transcurrida del centro comercial. Entonces, aireado y hasta molesto, le echaba la culpa y la regañaba en público. Más de una vez salió corriendo…

6. Hacerme el muerto

A veces, cuando estábamos solos, le decía que iba a la cocina un momentito. Para afianzar el factor credibilidad/imprevisibilidad, le preguntaba si quería algo…

Cuando me marchaba, me echaba en el suelo de la cocina, me hacía el muerto y me quedaba ahí, esperando…

Recuerdo que llegó a pasar media hora, hasta que finalmente iba a ver qué pasaba, y me descubría ahí, inerte.

La primera dificultad de esta broma es aguantar la risa. Sobre todo cuando ella intenta moverte. La segunda, que es que sólo se puede hacer una vez.

Ese día logré que llorara. Incluso me hizo daño jalándome del pelo cuando ya estaba desesperada. En el momento que cogía el celular para hacer una llamada, me levantaba riéndome delante de ella y me iba corriendo al cuarto.

7. Mandarle mensajes de texto extraños por celular…

Planifiqué esta broma una semana, no realmente porque fuera compleja sino urdiendo la excusa perfecta para desaparecer por un día. El problema no era “ausentarme” per sé, porque tampoco era como si nos veíamos sin falta siempre, sino para mentirle diciendo que iba a estar lejos y hacérselo saber.

En este caso, la excusa fue que iba a acompañar a un amigo porque su tía, que vivía sola, era una mujer que creía mucho en la brujería y también la practicaba, y desde hacía días se estaba portando de forma extraña. La historia ficticia contemplaba que la mamá de este amigo no quería ir porque estaba peleada con su hermana, pero eso no quería decir que no estuviera preocupada de todas formas y por eso había mandado al hijo, de 25 años.

A mitad de la tarde, empecé a enviarle mensajitos de texto con aves satánicos e incoherencias. Después le preguntaba su nombre, como si otra persona tuviera mi celular…

Ella primero me escribió un mensaje de texto preguntando qué pasaba, y después me intentaba llamar. Yo contestaba con cosas extrañas, como nombres de demonios, o escribiendo “adiós, mi amor”.

El problema es que esta broma salió mal porque al rato me estaba llamando todo el mundo. Fue vergonzoso, pero afortunadamente logré salir con bien diciéndole a la gente que era mentira y que yo no sabía de qué estaba hablando ella…

 

 

8. Salirle de la nada en la oscuridad

 

Deja que llegue a la casa, y que encuentre todas las luces apagadas. Después de un rato, sal de cualquier lugar gritando con todas tus fuerzas en frente de ella. Creeme que el sustazo que le vas a dar va a ser de recuerdo. A mi novia le dio un ataque de histeria.

 

 

9. Dejarla varada en la ruta

 

Una vez, cuando íbamos a Puerto la Cruz a pasar una semana de vacaciones, nos paramos en un negocio informal de comida de esos que quedan en el camino. Cuando ella fue al baño, me monté en la camioneta y me regresé a Caracas.

 

 

 

Después de cuatro meses de relación corté con ella y me empaté con Adriana. Sin embargo, a veces recuerdo estos viejos momentos, y las bromas simpáticas que le jugué a Clementina