Soy tan jodido que los virus no me enferman: yo los enfermo a ellos.

Lo pillé flotando distraído en el lavamanos del baño. Apenas me vio, intentó saltar hacia el inodoro en un intento desesperado por escapar, pero ya era demasiado tarde pues rápidamente le pegué un mordisco al grifo y me lo tragué con todo y virus.

Se me pegó a la garganta, haciendo lo posible por salir de mi organismo, trató de dar un salto dramático hacia la libertad, pero vio sus esfuerzos truncados cuando el camino hacia la luz se cerró.

Apenas entró a mi cuerpo, llorando y tratando de agarrarse a todo lo que le fuera posible desde la campanilla hasta los pulmones, llegó una pandilla de glóbulos blancos, lo sujetaron, le arrancaron la capa nucleica y lo violaron salvajemente.

globulosblancos

Glóbulos blancos

 

Quedó despatarrada como una puta en algún callejón del páncreas. Se arrastró hasta el intestino, esforzándose por rodar cuesta abajo y ser expulsada por alguna de mis dos salidas: CRASO ERROR. Se vio sumergida en el mar de cereales con carne y madera que desayuné esa mañana.

Aquello le costó tres patas y una antena.

Cuando finalmente consiguió cavar un pequeño hueco a través de mi intestino con un tornillo de fábrica que encontró por ahí, se dejó caer a través de la columna vertebral. El recorrido fue largo y tortuoso, cada diez centímetros se detenía para esconderse porque los glóbulos blancos pasaban cerca.

Finalmente llegó a la vejiga, gritando de emoción al oír las resonancias del exterior que se escuchaban amplificadas a través de mi pene.

Se coló dentro de la vejiga como pudo… pero fue demasiado tarde cuando, presa del pánico más aberrante, se enteró de que mi orín era demasiado ácido para poder soportarlo, y se deshizo.

Murió gritando, junto a los restos de plasma de los anteriores virus de gripa, dengue, cólera, gonorrea y ébola que alguna vez fueron atrapadas por mí y no pudieron escapar a tiempo.